sábado, septiembre 06, 2008

El Colca y la distribución de ingresos por turismo


La Cruz del Cóndor, así se llama el mirador, ubicado cerca de sus lugares de anidamiento, desde donde intentamos ver la magnificencia del vuelo del cóndor, nuestra ave insignia, que con sus mas de 3 metros de envergadura se constituye en el ave más grande del mundo.

Hay que tener suerte para verlos, pues aunque suelen volar cerca, generalmente lo hacen en lo profundo del Cañón del Colca y no se les puede fotografiar con todo su detalle. Sin embargo, esta vez la susodicha nos sonrío, y yo diría que hasta nos carcajeó, pues un grupo de 5 aves sobrevoló nuestras cabezas casi a unos 15 a 20 metros por encima y nos permitió no solo verlas en detalle, sino sobre todo, oír el viento rozar sus plumas con el planear de sus alas. Fue una experiencia excepcional.

Al regresar, mientras nosotros nos llevamos nuestras fotos, vídeos y sobre todo la experiencia maravillosa del paisaje y la satisfacción de haber visto al majestuoso cóndor andino, ¿qué es lo que queda para las poblaciones dispersas alrededor del valle del Colca (Collagua y Cabana)?

Es una pregunta válida. El tour de 2 días, una noche cuesta US$45 por persona en promedio. El tour se compra en Arequipa a una agencia de capitales, me imagino al menos, arequipeños. El chofer del bus era arequipeño y el guía moqueguano. ¿Algún miembro de la comunidad de Chivay, Yanque, Maca o Cabana? Ninguno, salvo aquellos que trataban de vendernos unas artesanías de hilo bordado o aquellos que nos pedían una propina por tomarnos una foto con la vicuña o el halconcillo domesticado.

Ese día, en el mirador del Cóndor, vimos alrededor de 400 personas. Haciendo números, tenemos alrededor de 18 mil dólares sólo en un día y en temporada baja. De esos 18 mil, ¿qué porcentaje beneficia directamente al poblador del valle?

El tour incluía transporte, guía, hospedaje una noche menos la comida y el ingreso a las aguas termales. El hospedaje en el "Colca Inn" no estaba mal, había agua caliente y dos frazadas. La comida estaba bastante cara para una provincia (25 soles por persona). Era un buffet al que nos llevaba el guía, y bueno pues como se imaginarán ,era complicado alejarte para irte a otro sitio a buscar alimento, sobre todo porque solo te daban 45 minutos. Les digo que esa parte del tour me pareció un abuso, no solo porque no permitían la libre elección (y con ello que el poblador del valle se beneficie poniendo un restaurante para turistas), ni por los precios superinflados (una jarra de limonada la vendían en 12 soles) sino que además la sazón de la comida (por lo menos en el 2do día) dejaba mucho que desear. Todo el tour fue una vistazo superficial del valle y sus poblaciones. No existió en ningún momento algún posible intercambio cultural con los locales, por lo menos el tour no estaba concebido de esa forma, sino como un entramado de agentes de servicio definidos (comida, transporte, alojamiento), miradores ubicados estratégicamente en el valle y finalmente un guía mas o menos informado. El poblador local no está en esa cadena más que como parte del paisaje a observar y al que le puedes comprar alguna que otra artesanía.


Teniendo todo esto en cuenta, considero que el turismo no está beneficiando directamente al poblador, autentico dueño y cuidador del valle del Colca. El gran porcentaje se queda en la ciudad de Arequipa, en manos de las operadoras turísticas mientras que a la gran mayoría de los Collaguas y Cabanas no les queda más que vender sus artesanías o pedir propina por la foto.

La solución ideal sería algo parecido a lo que ocurre en Caral, que a mi humilde criterio, es un ejemplo de integración a la cadena turística del poblador local. En Caral, la persona que te enseña todo el emplazamiento y te explica poco a poco los detalles del descubrimiento, e incluso te cuenta como era antes el sitio, es una persona que ha vivido en la zona o en sus alrededores. En Caral, nuestra guía nos contó que cuando era niña ella pastaba sus ovejas en esos montes. Ahora le da un poco de vergüenza decirlo, pero es que no sabía en ese entonces que estaba pastando sus ovejas encima de una construcción de mas de 5 mil años de antigüedad. Mas ahora lo sabe, y no sólo lo sabe, sino que ama el lugar y lo cuida. Está estudiando para ser técnica y apoyar en las etapas de excavación, conservación y restauración arqueológica. Mientras tanto, ya mantiene a su familia con sus ingresos por su labor de guía y aspira a mucho más.

Lo mismo puede ocurrir en el Colca. Aprovechando que en el valle existen múltiples miradores, con distintas vistas del cañón y alrededores, ¿por qué no fomentar que sea un poblador de la zona quien nos explique en este mirador lo que estamos viendo y lo que no? Creo que esta simple acción fomentaría muchos cambios positivos en las poblaciones que permitirían el desarrollo de un turismo verdaderamente justo, sostenible y rentable.

No hay comentarios.: