lunes, noviembre 07, 2005

Andreita

Luchadora social, imbatible, totalmente concentrada en el quehacer diario de su mal remunerada pero gratificante obligación de amistad. Es que para ella no era labor social, porque decía que labor social era muy impersonal, que su labor es de amistad pues es por y para sus amigos por quienes trabaja, círculo amical que ya cuenta con varios cientos de integrantes, la mayoría menores de 10 años.
Ella es Andrea Santos Salazar, o simplemente Andreita como le llaman los niños, y yo también.

A veces queda muy corto el espacio que dedicamos para hablar de una persona, más aun cuando se trata de un caso muy especial, y este lo es. Me queda muy corto el blog entero para hablar de Andreita, mi hermana, mi consejera, mi ayudante, mi admiradora, mi profesa cantante de trova y amiga de medio millar de niños como yo, que andaban pululando por el muladar de la vida antes de conocerla.

Y aunque me es un tanto difícil aceptarlo, yo alguna vez fui niño. Un niño que recorría calles y avenidas buscando lo que todos: un poco de alegría. Llevaba un trompo para mis momentos de soledad y dos canicas para quien quisiera jugar conmigo. Una de ellas le regalé a Andrea, y ella rápidamente me ganaría la otra jugando al "ñoco". Yo estaba un poco triste, pues eran las dos únicas que tenía, sin embargo, me sorprendió ver como de su bolsillo sacó dos más y me las entregó. Me dijo que me las regalaba por mi sonrisa cristalina. Desde ese día, al verla, por más tristeza que me embargara, mis labios le mostraban la sonrisa más cristalina que podían ofrecer, y ella, con un simple gesto, cambiaba mi postura, mi actitud, mi mundo entero.

Hola Andreita, te extraño y lo sabes. A veces pienso que el mundo se ha detenido cuando me hablas en sueños y he retrocedido en el tiempo hasta el día aquel en que por fin, me dijiste que mi sonrisa cristalina seguía tal cual. Gracias por los tranquilos y felices años que me hiciste vivir, por las peripecias de las que me salvaste afrontar. Ojala todos los niños del mundo tuvieran a su Andreita Santos, como yo la tuve alguna vez.

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